Las realidades del vivir cotidiano vistas con humor, no dejan de ser realidades pero son más amables. La sociedad está llena de héroes desconocidos, a ellos quiero dedicar mi atención. La poesía tendrá aquí un pequeño espacio.

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sábado, 23 de febrero de 2008

Trío de poemas




No afrentéis mi ocaso
en el declive cierto
de mis cabellos cenicientos:
como juncos de río
sin hojas y sin flores.

No recordéis mi aurora
en mi declive cierto
mis cabellos dorados
los han llevado
los ábregos, el aquilón y el cierzo.

En mi declive cierto
no maldigáis mis días
de soles y de lluvias,
de edén y de desierto:
con el sol y la lluvia

florece también el yerto
páramo
aunque sólo lo haga
durante
un efímero tiempo.


Raitán
Alcalá de Henares, 25 de Octubre de 2003


O D I O
Empieza por o
letra rotunda y oronda;
letra que no entra en misa
pues de hacerlo
la convierte en
misoginia
otra vertiente del odio.

Sigue con la d de dentro
tiene que crecer el odio
soterrado, contenido o aireado
nunca es buen consejero
ni leal amigo.

Continúa con la i de infierno.
Que se nutre de ira
y arde con malos hechos.

Y acaba, finalmente,
con otra o de oquedad.

Un consejo no pedido
Quiero darte:
“nunca permitas al odio
que viva en paz contigo,
condénalo al ostracismo.”


Raitán
Alcalá de Henares, 26 de septiembre de 2001


Humilde cardo nacido
casi pegado a la tierra
con mi breve tallo,
apenas
alcanzo a ver las hierbas.

Por fuera, pajizo y áspero;
por dentro, lleno de penas;
mis sentimientos desbordan
todo un furioso dolor
pues siendo cardo, ay amor,

quisiera ser
a tus ojos: placentera;
y a tus manos, la más suave
de las rosas, la más bella.

Dime: ¿ por qué, mariposa,
huyes de mí?
Cardo soy, mas sin espinas.
¡Nunca dañaré tus alas!

A la orilla del camino
me va quemando el estío
y sigo esperando, en balde,
que vuelvas a visitarme
como hiciste
cuando nacía, tan tierno,
a finales del invierno.
Cardo soy
mas sin espinas.
El dolor lo sufro yo.
Mis penas, las llevo dentro:
son mías que yo las siento.

Alcalá de Henares, 1 de agosto de 2001

martes, 18 de septiembre de 2007

¿Quién te escucha?




Si para mí ya es complicado
explicar lo que pienso,
si debiera, además, estar pendiente
de la métrica, jamás escribiría
aquello que siento y que no expreso.

¿Quién te escucha, en silencio
cuando quieres hablar?
Y si alguien te escucha,
¿comprende lo que quieres expresar?

Porque nuestras ideas generan
conflictos de opinión
en quien nos oye
y es natural, su pensamiento
puede estar a océanos del nuestro.

Las conjeturas y el esfuerzo
que hace nuestro oyente
para captar el mensaje
casi siempre por extraños laberintos
se enredan y se pierden…

Creen saber por qué usaste
tal adjetivo o semejante adverbio
y se pregunta ¿realmente piensa
lo que dice o está jugando
a que crea que lo piensa?

¡Qué complicado y qué difícil
es establecer una comunicación!
Por eso es que después de intentarlo
tantas veces en vano,
prefiero escribir.

No tengo ninguna garantía
de hacerme comprender
pero no podrán acallarme
trepando por las ramas
y haciendo quiebros de palabras.


Lejos estoy de pretender
la comprensión y el acuerdo:
me gusta la discusión,
el puro placer de hablar
y de pensar para hablar.

De mis palabras sencillas
nadie debe colegir
que narro con ellas mi vida
que regalo mi experiencia
y que son toda mi ciencia.



Raitán
Mis doc/poemas

Alcalá de Henares, 8 de Enero de 2003


Yo era presente




Quien no es capaz de comprender
lo que
halla en los demás,
jamás encontrará lo que busca
lo que desea
encontrar…




Yo era presente,
tú fuiste futuro.
Yo siempre estuve
tú nunca llegaste.

Yo era la emoción,
tú eras la esperanza.
Yo era el sentimiento
tú, el conocimiento.

Tú eras el amor
yo tu enamorada.
La emoción sentida no te transmitía
y tus ojos claros no la recibían.

Me marché al monte
llegué hasta su cima
grité a las estrellas,
le lloré a la luna.

Mis cuerdas vocales
se quedaron mudas,
mi llanto acerado
se llevó la luna.

Retorné al valle
en busca del agua
del río que tus ojos
me ofrecía en calma.

Pero ya era tarde
de negrura el ocaso
colmaba mi valle
y por mi sendero

no encontré tu calle.


Raitán
Alcalá de Henares, 13 de Marzo de 2003

domingo, 16 de septiembre de 2007

Plegaria a mis hadas

Mi voz quisiera ser
el canto de un jilguero
en la ribera de un río plácido y transparente.

Mi voz quisiera copiar
el sonido del viento
y el llanto de la lluvia fecundadora de vida.

Mis oídos quisieran escuchar
la voz del más allá de las hadas
invitándome a pasar el resto de mi vida

convertida en varita mágica:
una varita mágica independiente
sanadora de dolores y fiebres.


Raitán
Alcalá de Henares, 16 de septiembre de 2007

viernes, 31 de agosto de 2007

Una niña de la ciudad




Una niña de la ciudad habitante
que transita por pavimentos
sin árboles, ni fuente;
sin pájaros, ni bancos.
Señores de la calzada de asfalto:
los coches y tranvías.

Por las aceras
la gente camina apresurada.
De vez en cuando,
en algún balcón
- casi como un milagro-
puede verse una maceta con geranios.

Hasta que no cumplió los siete años
no supo lo qué era jugar con el barro,
chapotear con el agua,
sentir su cuerpo acariciado por la brisa del mar,
bañado por el sol.

La niña de mi cuento un día
desde la ciudad llegó
hasta un pueblito asturiano.
El sendero que conducía a la playa
tenía un trecho que serpenteaba la costa
para luego,
Introducirse tierra adentro
y volver a salir, esta vez,
definitivamente
a la playa.

Este camino
mil veces andado y desandado
es uno de los recuerdos
más entrañables de su niñez.

El cielo azul se unía al mar,
los prados y los bosques.
Los zarzales, repletos de moras.
Las babosas de color anaranjado,
de lentos movimientos
que tienen su cuerpo desprovisto
de caparazón,
siempre fueron objeto
de todos sus cuidados:
siempre fueron las dueñas
de toda su ternura.

Las campanillas blancas y también moradas.
Las hostiles ortigas
que crecen a la sombra de las zarzas.
Alguna lagartija que, sorprendida,
huía apresurada y,
debajo de alguna piedra,
refugio buscaba…
La yedra que envolvía el tronco de los laureles.
Las gaviotas, veloces, ágiles y rápidas
- certeras pescadoras-
que reposaban y tomaban el sol
en aquella playa de San Antón.
Admiradora de sus blanquísimas plumas
absorta se quedaba contemplando
su ir y venir.

Aquel sendero, después camino o calella,
era una auténtica maravilla:
era un gozo que sorprendía
su alma de niña todos los días.


lunes, 21 de mayo de 2007

Quiero encontrarte alegría



¡ Qué alegría al caminar
por la veredita blanca
que me llevaba hasta el mar
que no volveré a mirar!

¡ Qué aroma el del laurel
que cantaba con la brisa
cada mañana a mi paso
caminito de la ermita!

Las campanillas ¡qué puras!
Competían en blancura
con la espuma de las olas
acariciando mis pies.

Y en las zarzas, cuántas moras
y cuánta espina traidora.
De sus temidas caricias,
algún rasguño en la piel.

Eran la advertencia sabia
del precio que hay que pagar
por todo lo que logramos
aunque parezca un regalo.

Y qué alegría y que contento
el que sentía aquí dentro
cuando lograba alcanzar
las zarzamoras más altas.

Querría volver ahora
a andar por aquel camino
llevando mi alma cargada
con cruces de peregrino.

Volver por aquel camino
que conducía hasta el mar
no lastimará mis pies
ni romperá mi sayal…

Aunque el camino conserve
sus piedras de salientes cantos
y sus humildes ortigas
sus espinos y zarzales

mis pies se han endurecido
las piedras ya no me espantan
ni ensordecen mis oídos
el repicar de campanas.

Volver al lugar querido
queriendo encontrar el alma
que alguna vez has perdido
bebiendo en la fuente obscura
del desamor y el olvido.

Volver y volver ahora.
No queda tiempo de espera
ni hay ascensor ni escalera
que me lleve hasta tu puerta.

Quiero encontrarte alegría.
Te perdí hace tantos días…
Tus risas sonoras oigo:
mi alucinación sonora

es antigua, no es de ahora.


Raitán

Alcalá de Henares, 28 de Julio de 2003

viernes, 18 de mayo de 2007

¿Dé qué se rie esta morena?



No soy la clara alborada

ni la estrella vespertina,

ni el resplandeciente ocaso

que las nubes ilumina.




No soy el junco del río

ni el agua plácida y transparente,

ni el avasallador torrente

que brama por las montañas.




No soy la vereda estrecha

ni el anchuroso camino,

no soy el valle entre cerros,

no soy monte del olvido.




No soy el aguila astuta

que surca fiera los aires

ni la inocente paloma

que coma en manos de nadie.




No soy la flor del almendro

que tiene el corazón duro

ni soy la flor del cerezo

que ofrece su tierno fruto.




No soy el álamo blanco

que alberga el nido del mirlo

ni soy la encina centenaria

más vieja que los caminos.




No soy la yedra que trepa

ahogando el árbol que arropa

ni soy la cándida rosa

que el calor y los vientos deshojan.




En este ser y no ser,

en este estar y no estar

están todas mis esencias

mas mis presencias se van.

Raitan

Alcalá de Henares, 15 de junio de 2002

Evaristo Valle